junio 07, 2020

Ocho años después...

Ocho años, y ocasionalmente me paseo por mi blog, leo varias entradas y suspiro. Leer y sorprenderme al descubrir que aunque algunas palabras me parezcan ajenas, fui esa persona alguna vez y gracias a ella, soy quién soy ahora. En el 2011,terminé la maestría en Educación y obtuve un puesto como docente en una universidad a los 23 en la Academia de Comunicación y Pedagogía. Me casé con el amor de mi vida, en diciembre de 2011, después de casi 5 años de noviazgo. 

La vida fue buena, salvo algunas ocasionales crisis propias de la adaptación al matrimonio y el duelo no bien llevado por la muerte de mi papá. En noviembre de 2013, después de casi un año de intentos fallidos por concebir, poniendo a prueba nuestro matrimonio y nuestra paciencia, llegó nuestro positivo y en medio de un mar de bebés que llegaron en nuestras familias, en agosto de 2014 nos convertimos en papás. Obviamente, esto significó dejar atrás tantas cosas que disfrutaba de mí, pero que ya no tenían la misma importancia. Mi mundo giró en torno a mi hijo, mi matrimonio y mi trabajo en la universidad. Me perdí un poco, siendo mamá, esposa y profesora, y me hacía feliz. Por azares del destino, llegó una oportunidad laboral con recompensas a largo plazo y la tomé... de maestra, me convertí en miss de secundaria, ¡adolescentes! y me encantó, tanto, que dejé mi trabajo en la universidad y por dos años, mi vida fue estable y buena, rodeada de familia, con múltiples planes cada fin de semana. Muy pocas veces estuve a solas, pero no extrañaba esos momentos, tampoco tenía tiempo para ellos.

Entonces, a mi esposo le ofrecieron un mejor trabajo en otro estado, a 15 horas de mi ciudad natal; lo aceptamos y nos embarcamos en una nueva aventura. Por casi un año estuvimos separados, viajando en días festivos y fechas importantes, buscando dónde vivir, escuelas para mi hijo y un nuevo empleo para mí. Y bendecidos una vez más, todo se resolvió favorablemente. Encontramos una casa en un sitio tranquilo y agradable, con muchas familias jóvenes, hallamos una escuela cercana para mi hijo y con trabajo para mí, como profesora de secundaria. Todo bien. Pero empezaron a pasar los meses y comenzamos a sentir la ausencia de la familia, pasamos de agendas apretadas con compromisos familiares, días de carne asada, parques, paseos con primos, visitas a los abuelos, a encontrarnos solamente los tres. Fue duro, hasta que la misma rutina nos fue absorbiendo y nos animaban las vacaciones para regresar a los sitios en dónde hemos sido felices. Las cosas estaban resueltas.

Ahora, en medio de la pandemia, no había mayor diferencia, salvo un detalle. Una pequeña cosita que ahora mismo, mientras escribo, se ha comenzado a mover dentro de mí. Con 20 semanas de embarazo, ayer nos confirmaron que es un niño el que nacerá en octubre. Y me tiene el corazón estrujado pensar en todo lo que vivimos cuando iba a nacer mi hijo mayor y ahora nada de ello hay para este bebé. Me duele pensar en los momentos rodeados de nuestra "tribu" y verme ahora criando a una nueva personita sin ellos. Sé que esto lo viven muchas otras familias, y sé que todo estará bien y que nunca estaremos realmente solos, pero no sé... este sentimiento de rebasa de repente y el encierro no calma la situación. Me preocupan tantas situaciones pero ahora que hago un recuento de los últimos 9 años, la vida ha sido bastante generosa con nosotros. Estaremos bien y espero que todo aquel que lea este post, tanto tiempo después, sea tan bendecido como lo he sido yo.

marzo 05, 2012

Mi nueva vida!


La cosa va así:

Terminé mi maestría y gracias a mi buena suerte (porque así fue) me fui por excelencia; me casé en una boda doble (si, éramos dos parejas de novios... no lo recomiendo) y GRACIAS a Dios, todo salió muy bien, me divertí y Fer (mi esposo) y yo la disfrutamos bastante. Estoy en mi segundo semestre como docente en una Universidad particular (deseo que tenía proyectado cumplir en unos... 3 años más adelante) y estoy muy contenta.

A veces, como es normal, extraño a mi familia que nos vienen a visitar en ocasiones, y no hay día que no recuerde a mi papá con cariño y nostalgia, pero sé que todo está bien.

No creí que me fuera a ir también haciéndola de ama de casa... como una vez dije "No soy una diosa doméstica", pero Fer está feliz con la comida y yo estoy feliz de que no se me haya quemado nada (¡otro milagro!) :)

Ahora, tengo un pequeño sueño albergado en el corazón... y hoy por primera vez en mi vida lo soñé. Fue tan real y maravilloso.

Será lo que Dios quiera y cuando quiera... realmente, soy muy muy feliz.

abril 12, 2011

Jorge Luis Pérez Vázquez

Contador Público de oficio, servidor de Dios por vocación y apasionado de su familia. Nació el 30 de Julio de 1965 en Villahermosa, Tab., bajo el signo de Leo. Un hombre excepcional, orgullo de su familia, hizo feliz a quienes tuvieron la fortuna de tenerle como amigo y ayudó a tantas personas que, sin darse cuenta, el regalaron un rincón de su corazón y sus recuerdos.

Buen hermano e hijo, esposo amoroso y muy comprensivo y padre ejemplar, realmente intachable; trabajador, dedicado, sencillo, leal y honesto; Es como puedo describir a quien por tantos años aguantó toda clase de groserías y berrinches aunados al cansancio y un sin número de sacrificios, todo a cambio de recibir un beso pegajoso, un abrazo fuerte, unas horas en la hamaca cantando canciones viejas, una plática extensa en el recorrido en coche hacia la casa, un partido de Pictionary antes de la cena, un "te quiero, papi" casi a diario.

Lo diré así de simple, tal y como mi interior me lo dijo al escuchar el grito más desgarrador que jamás haya escuchado de alguien: mi papá murió. Falleció en su cama a las 7:15am el 17 de noviembre de 2010 y lo extraño infinitamente.

Un cuadro asmático severo, tantas presiones laborales y a 4 días del robo a nuestra casa, le ocasionó un ataque al miocardio. Fue rápido, cuestión de 5 minutos y se quedó dormido. Sólo alcanzó a decir "Perdóname" y cerró sus ojos dejando a mi mamá y a nosotros en un mundo que parece paralelo a la realidad y al que nos cuesta trabajo adaptarnos porque ahora es nuestra realidad.

El olor de las flores me recuerda tanto el día de su velorio y funeral. Si hubiese sido por otro motivo hubiese estado incluso de lo más feliz, ver a tanta gente, tanta tanta, todo el tiempo, el lugar estaba repleto de flores y de sus amigos de todas partes. Gente que de verdad lamentaba la pérdida de un ser tan especial. Ver aún después de eso el aprecio de las personas hacia quien en vida les hizo la vida más agradable sin esperar absolutamente nada a cambio, porque así era él. Su frase, la que en algún otro momento publiqué "quien no vive para servir, no sirve para vivir".

No tengo nada que reprocharle a Dios, ni a él, ni a la vida. Porque se fue habiendo cumplido su misión y, con la satisfacción de haber sido parte de su gran obra, me quedo con tantos recuerdos y buenos consejos, su guía y todas sus bendiciones porque él era un hombre demasiado bueno... alguien me dijo que la gente buena no dura mucho en la tierra porque son ángeles a los que Dios quiere de forma muy especial.

Heme aquí, una persona totalmente distinta a la que comenzó a escribir este blog hace más de un par de años. La vida nos hace madurar cuando nos da y cuando nos quita.

Felicidades papi, te graduaste con honores de esta vida terrenal y hoy te toca disfrutar de las maravillas de la vida eterna.

Te amo siempre.