julio 19, 2009

Y que me quedo callada!!

Tenía ya ratos sin pasar por aquí, así que decidí, en primera, que es una buena noche para desvelarse, en segunda, que era justo y necesario darle una manito de gato a este espacio. Agradezco a quienes siguen mi blog aún cuando no escribo nada nuevo XD...

Mi ausencia podría justificarse con un montón de excusas, las típicas de una persona de 21 años... en resumen: acabo de terminar la carrera en Comunicación, próximamente iniciaré la maestría en Educación y obtendré un trabajo que apenas estoy buscando en algo que tenga que ver con la docencia (digo, para empezar a aplicar la teoría).

Mañana iré a Guadalajara con mi novio y su familia... Dios me agarre confesada!! XD; siento una especie de fascinante terror, jaja pero tengo la sensación de que todo va a salir bien (programación positiva), luego rebobino en este cacho de web que tal me fue...

Regresé al taller de Sergio Esquivel después de que se suspendiera en diciembre; ahora trabajamos en un proyecto muy padre, espero se logre, porque aunque no tenga una melodiosa voz, sueño con escuchar mis letras en la boca de muchas personas... a ver que pasa.

Tengo ganas de helado de vainilla XD, así que arreglaré un poco de ropa y veré si puedo capturar algo de inspiración para la siguiente sesión...

Buenas noches!

abril 05, 2009

Shopaholic!!



Ayer me senté a ver "Loca por las compras", tras muchas recomendaciones (5 de las que 4 fueron hechas por hombres) Se trata de una comedia romántica basada en un libro exitoso de Sophie Kinsella, en donde la protagonista es víctima de un consumismo enfermizo que la enredan en una serie de situaciones que finalmente le dan hilo a la película.

Entonces me acordé de una de mis clases de Conducta del consumidor y me puse a hacer un análisis al respecto (matando dos pájaros de un tiro). Encontramos en el personaje las características típicas de una persona consumista: la sensación de poder y estatus a partir de las cosas que compra y por ende, la sensación pasajera de felicidad hasta que llega el momento de recibir las cuentas.

Puedo destacar una escena que particularmente me llamó la atención y creo que determina el rumbo de la película. Rebeca (la protagonista) va caminando por la calle cuando, al pasar por un escaparate llama su atención una bufanda color verde. 1) Su reacción es de atracción inmediata hacia el producto: la bufanda, estratégicamente colocada en el maniquí de en medio entre prendas de colores neutros, logra capturar la atención de quien mirara a través de esa vitrina. 2) Rebeca se acerca a mirarla, pero está consciente de su situación económica y primordialmente, de que no necesita la bufanda.

Y es entonces cuando se hace uso de la metáfora: el maniquí representa el subconsciente de Rebecca que 3) crea en ella misma la necesidad de tener una bufanda asociándolo, primero, con sus sentimientos y sus relaciones afectivas, en este caso con la frase de “quien necesita una bufanda, total, puedes cubrirte con cualquier cosa como tu madre”, señalando que el no comprar la bufanda es ser anticuada o aburrida como su madre y es por ello que viene su primera escusa a sí misma, intentando justificar la posible compra. 4) Inmediatamente después comienza a destacar las cualidades que el producto posee y los beneficios que podría ofrecerle: resaltar en este caso, sus ojos y su cabello. La escusa número dos.

Conforme las características de comprar la bufanda van apareciendo en su cabeza, la felicidad se va apoderando de su rostro y es cuando aparece el siguiente punto: 5) El maniquí comienza a crear la ilusión de confianza y poder que el usar la bufanda puede darle. Esas son exactamente las razones que considero llevan a una persona a comprar productos que no necesitan e incluso, llegar a caer en el consumismo desmedido, como en el caso de Rebecca.

Otra cosa que resalta en la película es una serie de marcas que forman parte del conjunto de “imágenes de poder” que debe poseer alguien con buen gusto, clase y estatus, su publicidad y el público a quien va dirigido es siempre el más selecto y mientras más selecto, más caro. Es entonces cuando descubrimos la escena de Luke en la tienda de Prada en donde le confiesa a Rebecca ser hijo de una reconocida diseñadora, pero que él odia ser calificado por la ropa que viste, su estatus social o por la familia a la que pertenece. Lejos de ser una perspectiva que nos es común de un hombre, sobre todo en nuestra sociedad mexicana, habla de una persona segura de sí quien no es presa fácil de los constantes “ataques de moda” y mucho menos del valor y el poder que los productos pueden ofrecer, dándole así a Rebecca una gran enseñanza, que a mi parecer no se logró resaltar en la película como debió haber sido.

El hecho de las ofertas y las rebajas, dentro de la película, responden a la necesidad de las personas “comunes” de entrar en ese mundo “selecto” de los pudientes y “poderosos” y se muestra como una persona puede llegar a perder la compostura por tal de conseguir un artículo que a fin de cuentas, como redacta la protagonista en el artículo que la hace famosa, no ofrecen ni calidad, ni confort, etcétera, como prometen e invita a los lectores a ser conscientes al momento de invertir su dinero; consejo que ella misma evidentemente no cumple.

En particular, la película no me pareció muy original, a pesar de que algunas actuaciones, como la de la protagonista, fueron buenas, dada a la situación económica mundial me pareció descontextualizada con la realidad actual. En la película aparece un grupo de apoyo para compradores compulsivos al que Rebecca asiste cuando se ve hasta el cuello de problemas, pero nunca se muestra a fondo cómo es que los “enfermos” logran superar su problema ni el cambio interno que genera un cambio de actitud en Rebecca, quien aparentemente sólo actúa para resolver su problema inmediato.

Es sin duda una película cuyo objetivo era entretener, objetivo que logra, sin embargo y a pesar de que dentro de la película la intención queda clara, el mensaje en sí nunca acaba de aterrizarse. Creo que fue una película a la cual se le pudo sacar más jugo y llegar a empatizar con un mayor número de espectadores.

marzo 26, 2009

Con la vista fija

Alberto Chimal es un cuentista toluqueño que mucho de su éxito es gracias a la innovación en las perspectivas del cuento y este, es un ejemplo:


Érase una niña pequeñita y muy bonita, con chapas rojas rojas cual flores de rubor, vestidito rosa y bonito cabello rizado. Jugaba en un parque con su pelota y era muy feliz. Oyóse entonces un disparo, y la frente de la niña hizo ¡pop!, y una emisión hubo de sangre y sesos entremezclados que, flor también de rubor (aunque de otro, ¡ay, de otro rubor!), cayó en el pasto un segundo o dos antes que la propia niña.


De la pelota no se supo más, y yo creo que alguien se la robó. Debe haber sido fácil porque hasta la niña, que no se movía y de cuya frente seguía manando ese caldo rojo y tremebundo, llegó una mujer que pants que se quedó con la vista fija en ella; un señor de traje barato que también se quedó con la vista fija en ella; un par de muchachos, con uniforme y peinados de escuela militarizada, que también se quedaron con la vista fija en ella.


Y una anciana de coche con chofer, su chofer, un grupo de novicias, tres policías, un comerciante informal, un malabarista de crucero, un ejecutivo de exitosa empresa y otros muchos más, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, que tras llegar se quedaron igualmente alrededor de la niña, igualmente con la vista fija en ella, arruinando con sus pies descuidados el pasto del parque, favoreciendo la huida del posible y desalmado ladrón de pelotas, presas todos de la misma atracción: del mismo embrujo, imperioso y extraño.


Porque no se encontraban ante un televisor, no había reportero que comentara lo que veían, no se veía logotipo ni anuncio superpuesto ni nada entre ellos y las manchas rojas rojas en el pasto verde, los rizos manchados de rojo, los trozos de cráneo igualmente manchados de rojo, la expresión de sorpresa en la carita infantil, los bracitos y piernitas inertes, laxos, ya fríos.
Y, por ende, todo, todo cuanto veían era de ellos solamente: su secreto, como son secretos el frío del velador, las pesadillas del enfermo, mi propia voz como se oye desde adentro.


Así que allí estaban, llenos de un gozo nuevo, vivo y tembloroso, de esos que son inconfesables y agradabilísimos. Y cuando todos se encontraban a diez metros o menos, aun sin otro cuidado que el espanto ante sus ojos, la niña explotó y los mató.


Puede tener muchas interpretaciones, a mi me gusta pensar que es una crítica social, en donde todos somos testigos de un sin fin de atrocidades y seguimos siendo pasivos, cómplices silenciosos demasiado ocupados con nuestras vidas que, a pesar de la molestia, seguimos nuestro rumbo sin mayor remordimiento y a la larga, ese mismo silencio va apretándonos la soga que tenemos en el cuello.